El Mapa del Hambre19 may 2008
Aunque duela y cueste mucho reconocerlo, la Argentina ha vuelto a retroceder en su lucha contra la pobreza y, por ende, contra el hambre. En contadas oportunidades las familias pobres pudieron comprar tan poco como ahora. En promedio, hoy apenas alcanzan a satisfacer el 43 por ciento de los bienes y servicios que se necesitan para superar la línea de pobreza, cuando, en plena crisis de 2002, la relación era del 47 por ciento, según un informe de la consultora Equis, de Artemio López, sobre la base de los precios reales de la canasta de pobreza.
Estos datos coinciden con estimaciones realizadas por entidades universitarias y otras consultoras privadas. Aunque el Indec no difundió los datos de pobreza de la segunda mitad de 2007 y tampoco se sabe si lo hará, entre la medición oficial y las estimaciones privadas habría una diferencia de unos tres millones de pobres. Es decir, entonces, que la pobreza habría superado el 30 por ciento de la población, unos 11 millones de personas.
Sin embargo, ante este panorama tan desalentador y repetido, que debería avergonzarnos profundamente a todos los ciudadanos de este país tan rico y lleno de bendiciones, hay compatriotas que no se desaniman fácilmente y continúan luchando, cada vez con más pasión, más conocimientos y afortunadamente más seguidores, para cambiar esta realidad por otra más positiva y duradera. Justamente fue la Feria del Libro última el escenario elegido por los impulsores del Centro de Desarrollo Comunitario para presentar el proyecto sobre el Mapa del Hambre, que busca acercarse a la realidad de la pobreza, no desde las estadísticas sino desde cada persona, desde cada familia que no tiene su comida diaria asegurada, e involucrar en ello al conjunto de la sociedad argentina.
Surgido a fines de 2007 como una iniciativa conjunta entre la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Buenos Aires (UBA), la organización no gubernamental Red Solidaria y el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, es objetivo de este centro la formación académica en el diseño de estrategias para combatir el hambre y la desnutrición en la Argentina.
¿Por qué hablar de un Mapa del Hambre? Porque en este momento, de las 330.000 familias argentinas que no tienen asegurada su comida diaria, este programa ha logrado ubicar a unas 44.000. Lo mismo puede decirse de los 165.000 chicos menores de seis años que están desnutridos; en los 410 comedores comunitarios, escuelas y centros que figuran en el mapa, pueden encontrarse ubicados a unos 5000. Lo que el Mapa del Hambre plantea es que la ayuda que se recibe, los aportes, públicos y privados, que se hacen desde distintas entidades en todo el país deben llegar efectivamente a los hambrientos, pero la tarea se hace muy difícil, por no decir imposible muchas veces, si no se sabe bien dónde están.
En las palabras de Juan Carr, uno de los fundadores de la Red Solidaria y motor vital de este Centro de Desarrollo Comunitario, "todo aquel que pueda aportar un nuevo dato, no sólo expertos en ciencias sociales o cartógrafos profesionales, sino todos aquellos que estén trabajando para terminar con la exclusión (comunidades religiosas y educativas, centros de salud, organizaciones comunitarias, entidades deportivas o de universidades y, por supuesto, particulares)" deben unir sus esfuerzos y lograr actuar interactivamente, "porque los que tienen hambre son invisibles en nuestra vida cotidiana y esta invisibilidad los condena definitivamente a la marginación y a las sombras". De allí que el siguiente objetivo de esta organización sea confeccionar también un Mapa de la Inclusión: el de todas aquellas personas, organizaciones e instituciones que cada día luchan contra el flagelo del hambre en la Argentina.
Por fin, la última etapa de este proyecto cuyo lanzamiento fue nacional será diagnosticar cada índice de desnutrición en cada lugar, desarrollar talleres sobre alimentación, amamantamiento y violencia doméstica, para continuar con las huertas comunitarias y las granjas de gallinas ponedoras, conejos y cabras.
Cuando se piensa cuánto ha avanzado la tarea del Centro de Desarrollo Comunitario desde su creación hasta ahora, se comprende qué gran ejemplo es para toda la sociedad argentina, pero en particular para la mayoría de los dirigentes de todos los ámbitos. Hay situaciones en nuestro país que no pueden esperar a que el orgullo, las ambiciones personales o las decisiones equivocadas cedan espacio al diálogo civilizado y democrático. Esa porción creciente e invisible de argentinos que no pueden contar ni siquiera con una comida diaria no tiene tiempo ya para que el resto de sus conciudadanos comprenda cuáles son las verdaderas prioridades. La defensa de la vida debería ser, en este momento, la prioridad número uno de nuestra sociedad. El Mapa del Hambre que el Centro de Desarrollo Comunitario y todos sus integrantes están confeccionando está en línea con esa prioridad. Sigamos su ejemplo y colaboremos con ellos.
Fuente : lanación.com